domingo, 21 de febrero de 2010

Quiero a mi bebé de regreso

Es sorprendente la manera en que últimamente extraño cuando mi hijo era bebé.

Los ruiditos, las texturas, los olores.

Recuerdo como si hubiera sido ayer la angustia de la primera noche, el llanto inexplicable, las primeras dos semanas extenuantes. El pánico.

Extraño hasta el nudo en la garganta que se quedara dormido hecho bolita en mi pecho, con su manita recargada en mi hombro, o aferrada a un mechón de cabello. Su olor a lavanda recién bañado. Extraño el olor de sus cobijitas entre talco y leche.

Su cuerpecito en mameluco azul gateando por el piso, su risa sin dientes, el trabajo con el que lograba el equilibrio de su cabezota. Sus manitas torpes en mi cara cuando se emocionaba.

Sus ojos, grandotes, curiosos, que apenas daban crédito a lo que podían ver, que encontraban fascinantes los listones de colores que usaba para bordar.

Extraño mecerlo con el pie, lanzarlo al aire para que riera, y que se carcajeara como hicimos todos con las burbujas de jabón. El “cucu-tastas” las caminatas eternas, arrullarle y cantar hasta que durmiera y entonces simplemente sentarme a observar.

Puedo sentir perfecto en mis dedos lo suavecito de su piel.

Se fue la leche, los pañales, el baby Mozart, los juguetes didácticos, los días dedicados a la preparación de “papillas gourmet” . Se fue el llanto a media noche que muchas de las veces no escuché. Se fue la andadera, pasó de moda Bob el Constructor. Se fue el poder llevarlo conmigo, a donde fuera, en un solo brazo. El pánico se quedó.

Y me sigue acompañando a diario el terrible e insistente “Pudiste hacerlo mejor, puedes hacerlo mejor ¿En dónde están tus fuerzas?”

Suelo decir a manera de broma que hace 10 años me enteré que estaba embarazada y aún no me recuperó de la impresión. La broma esta llenita de verdad.

Extraño a mi bebé que fue un bebé bueno, y se convirtió en un buen niño, pero junto con el creció el reto. Extraño que fuera tan mío y tan pequeño.

sábado, 13 de febrero de 2010

Santísimo whatever, dame paciencia!!!!

Entre mis muchísimas cualidades sucede que no se encuentra la paciencia. Sucede que tener hijos la demanda, sucede que si no la tienes cala, y sucede que el engendro crece y la empresa se pone complicada. Satán que es sabio, al menos lo hizo brillante, pero eso no significa que no necesite aprender antes de hacer las cosas maravillosamente, y sucede que yo soy la que le tiene que enseñar. ¡Pobre morro!

Yo no sé lo que me depara la vida, y ni puta idea tengo lo que busco en ella. Pero he decidido que si en una distracción esta enorme cabeza decidiera emparejarse y compartir techo con algún afortunado valiente es un requisito indispensable que sea inteligente y paciente (aaaww! Verso sin esfuerzo ¡Qué talento!) MUY paciente y que tenga una gran habilidad para ayudarle a estudiar a un niño, que encima de todo sea ajeno, y al que le quedan pocos años para entrar a la adolescencia, porque yo temo convertirme en madre homicida, o peor aún convertirlo a él en hijo homicida. Esto esta muy mal, necesita intervención urgente que me vuelva a educar, o entrenar o algún ayudante, creo que no demandaría mucho más de él, eso y fuerza para ayudarme a subir el súper....y que coja como Dios Griego y quiera hacerlo todos los días, y que también a mi me tenga mucha paciencia, y que no le guste la banda, y...oqueeei, oqueeei, con la tarea y buenos palos 3 veces a la semana me doy, aunque no sería mucho pedir que tuviera un buen trabajo, y que fuera educado y que huela rico y que.....aaaaayyy, bueno!

¿Y si mejor consigo una tutora? (ó un tutor *_*)

jueves, 4 de febrero de 2010

Salió el sol, se secó la lluvia

El tímido, el que llena el prototipo com-ple-ti-to, siempre silencio, pasados los 40, peinado lacio-ochentero-flecoenlafrentedelado, pantalón alto, talla grande, mirada baja, siempre sonriendo sin mirar.

Nos vemos todos los días, nunca habla, nos cruzamos en la calle y yo dije con una educadísima sonrisa: Buenos Días!

Él levanto la mirada, me sonrío y me dijo: -Hay que cantar Witzi, witzi araña-miró hacia arriba –¡Ya salió el sol! – Me volvió a mirar, volvió a sonreír y siguió caminando.

Reí durante todo el camino, ¡Qué tontería! Pero me enterneció hasta el tuétano, es como un niño, ¿Qué quieren?, no me juzguen, son pendejadas, pero me recuerdan al mío.

Después del hijo no hay remedio, por más que trates de evitarlo, todas, TODAS las asociaciones mentales se modifican. Y aprendes a encontrar simplezas que te sacan de la inercia.

Cuando estaba embarazada mi papá me dijo: “Lo hermoso de los niños es que siempre hacen que te detengas a tener un momento de cariño” ¡Quién diría! En algo tuvo razón.
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Ya salió el sol pues, disfrútenlo