lunes, 24 de mayo de 2010

Lo bueno de ir a la iglesia

El engendro, como yo, disfruta harto de la fritangueada, así que de vez en cuando caminamos a la central de la culpa más cercana y procedemos a llenarnos de cuanta porquería nos cabe y un poquito más.

Los manjares siempre son acompañados de profundísimas conversaciones en el pasto o la banqueta.

"...¡Qué bonito perro!....¿Cómo se forma el viento?...¿Qué es una misa?...¿Porqué hay tanta gente?....¿Porqué puedo ver la luna y el sol al mismo tiempo?...Juan va a hacer su primera comunión..."

Una hora, muchas respuestas, dos dogos, unas papas, un elote y unos salchipulpos después el engendro decidió que no quiere hacer la primera comunión (júroles que se lo ofrecí como una excelente opción de aprendizaje) , que es una buena persona, que los animales son como sus hermanos, que rezar es bueno, que tiene un ángel de la guarda y que cree en la reencarnación, y que Dios somos todos pero que la iglesia tiene lo suyo, sobretodo afuera de ella.

"....Me gusta hablar contigo Mamá, es que tengo tantas interrogancias de la vida..."

Y el agujerito que me habia dejado el lunes, desapareció