jueves, 17 de mayo de 2012

El karma y sus instrumentos.

Ayer caminábamos por la calle camino al doctor, íbamos hablando de lo único que habla el engendro y de lo que yo entiendo menos: futbol (neto, ¿en qué cromosoma se los inyectan?)

No nos habíamos visto el fin de semana, así que me estaba dando el resumen, de los partidos, de quien y cuando iba a jugar la final de la liguilla y de como estaba muy contento de que se hubiera salvado su Atlas. (¡Yo no fui!) a mi se me hizo fácil reir y decir:

-¡Ja! No te preocupes, bajan el año que viene.

Yo iba de lado de la acera, porque él es un caballero, y no había terminado la frase burlona cuando un perrito de esos que te dan ganas de patear se abalanzó a ladridos contra el cancel, yo grité/brinqué del susto y casi se me sale el corazón.

A él, que tiene los nervios de acero y ni el ojito le tembló, se le hizo fácil reir y decir:

-¡Ja! ¡Karma!

Pinchimocoso.